Parapente

Características


Casi literalmente, sentarse en el aire y entregarse al capricho de las térmicas que, en Mendoza, son más potentes que en otros sitios es –nada más y nada menos- lo que ofrece el parapente. Pero al placer, claro, hay que agregarle la emoción, la tensión y la habilidad para jugarse la vida a más de 2000 metros de altura. Sostenidos sólo por un “trapo”, al que los fanáticos de este deporte adjetivan como “mágico”. Los expertos pueden volar durante horas y, si el tiempo y las térmicas acompañan, alcanzar la geografía de departamentos cercanos.

Los parapentistas mendocinos se jactan de que la provincia es una de las que mayor cantidad de días “volables” posee. El sol característico de nuestro clima y la temperatura es lo que brinda esa posibilidad. A eso, se suma que la aridez del suelo mendocino, la calidez de sus días y las amplias diferencias térmicas entre el día y la noche son el combo justo para crear térmicas fuetes y amplias.

El parapente es un planeador ultraligero flexible que no necesita de motor y que pesa menos que el piloto. El ala no es otra cosa que tela metida en una mochila.

“Es un lugar potente”, definen los que conocen los secretos del viento y agregan que se puede ascender entre seis o siete metros por segundo. De allí, sólo se trata de dejarse llevar, de intentar transitar sitios “seguros” y disfrutar de la adrenalina de estar sentados sobre una pequeña silla de cuero, sostenida por la fuerza del aire y una tela con miles de hilos tensados armoniosamente.

El club de Vuelo Libre Cerro Arco es el que fiscaliza las tiradas y en donde se congregan los pilotos monoplaza y biplaza. Estos últimos deben acreditar licencia nivel 5. Es decir, contar con el certificado de “instructor master”.