Rafting

Características del rafting


El rafting consiste en descender ríos de montaña con balsas de goma o gomones y se puede practicar con o sin experiencia. Sólo hace falta un poco de valor que redundará en el placer de desafiar los ríos mendocinos. Por supuesto, están permitidos los gritos, las exclamaciones y las risas. Asumir que terminaremos el recorrido tan mojados como felices es otro de los requisitos de este deporte olímpico.

El grupo o los eventuales tripulantes de la balsa deben coordinar para timonearla tanto con su cuerpo como con los remos que poseen. La consigna principal es salir airosos de los rápidos. En Mendoza, hay varios equipos masculinos y femeninos que han participado de mundiales (el último se realizó en la provincia) y se entrenan cotidianamente para desafiarse entre sí; más allá de las sorpresas que cada día les depara el río.

De este modo, la característica principal de los ríos de montaña es su gran y desparejo caudal. Eso es lo que, justamente, permite la práctica del rafting. Sin embargo, es posible dividir tramos aptos para los más avezados y los que tienen menos experiencia. En este sentido, es preciso encontrar un río que esté de acuerdo con las capacidades de cada uno ya que no se recomienda aventurarse en circuitos que superen las condiciones físicas, técnicas y psicológicas del navegante en cuestión.

Por este motivo, los ríos han sido clasificados mundialmente de acuerdo con su grado de dificultad.

Clase I o Fácil: Estas corrientes cuentan con pequeñas ondulaciones y las obstrucciones son casi inexistentes, obvias y totalmente superables ya que no presentan riesgos.

Clase II o Principiante: Son ríos rápidos con canales anchos y claros que no requieren exploración previa. Están provistos de rocas y ondulaciones medias que requieren maniobras ocasionales. No presentan grandes peligros para nadadores.

Clase III o Intermedio: A partir de aquí, se consignan los ríos rápidos  en donde el rafting es la actividad más realizada. La clase III presenta aguas “revueltas” con obstrucciones, olas moderadas, turbulencias, remolinos, huecos y hoyos fácilmente sorteables. Se realizan maniobras complejas que los principiantes logran superar.

Clase IV o Avanzado: Tienen aguas rápidas con escasa visibilidad por lo que se hace un reconocimiento antes de lanzarse. Turbulencias, remolinos, olas grandes, hoyos, cascadas y pasos estrechos que obligan a conocer las maniobras para desafiarlo. Son ríos de difícil navegabilidad y no se recomiendan para inexpertos.

Clase V o Experto: Son los rápidos más complejos navegables. Largos, violentos y poco predecibles presentan mucha turbulencia, remolinos, cascadas, huecos y hasta olas que alcanzan y superan los dos metros. El reconocimiento previo es fundamental pero, también lo son, las buenas condiciones físicas, psicológicas y técnicas para salir airosos de este desafío. El rescate en esta agua es muy difícil.

Clase VI o Extremo: Son pocos los que se animan a estas corridas ya que los rápidos no están aptos para navegar y es muy difícil abordarlos. Sólo los equipos muy expertos lo hacen y tomando todas las precauciones posibles. Es que un error puede resultar fatal.