Globonáutica


La quietud y el silencio son, en la mayoría de las oportunidades, el marco ideal para la contemplación. Viñedos, montañas y valles adquieren un encanto distinto cuando se los observa desde la canasta de un globo aerostático. Entonces, el fuego que calienta el aire que mantiene armada la enorme bolsa de colores, hace que la sensación de paz cambie abruptamente por otra que parece más cercana a la  emoción y que nos lleva a las narraciones de Julio Verne.
Aunque la razón intuye que se está bastante lejos de eso, los turistas disfrutan como niños al elevarse más de cincuenta metros del suelo para observar el paisaje de otoño y la limpidez del cielo.

Etiquetas: