Disfrutá Mendoza en caída libre.

Saltar de un avión que vuela a 3.000 m de altura, y caer libremente a cientos de kilómetros por hora, es algo que también podés disfrutar en Mendoza. El paracaidismo es una de las actividades extremas más solicitadas por turistas y mendocinos.

“Seguro”. Esa es la palabra que le gusta usar a Adrián Pohle –un paracaidista profesional- para definir la actividad que realiza. Por eso, la adrenalina de quienes se atreven a saltar al vacío desde un avión que vuela a 3.000 metros de altura sólo se queda en eso: un cúmulo de excitación, de sensaciones encontradas, gritos de emoción, alegría por haber desafiado los propios límites y haber salido ilesos de una actividad considerada de riesgo.


Y no es para menos ya que a la increíble sensación de saltar, se suman alrededor de 30 segundos de “locura”, mejor llamada caída libre.

 

“Este tiempo es mayor o menor de acuerdo con la posición, el tamaño y los movimientos del pasajero”, explica quien realiza saltos en tándem desde el aeródromo de Rivadavia, uno de los tantos que lo realizan en Mendoza.


Como sea, esos segundos –que suman algo más de mil metros o casi la mitad del viaje- parecen estirarse mientras suceden pero, después, saben como una especie de gusto a poco cuando el momento se rememora desde tierra firme. Al éxtasis le sigue el placer propiamente dicho: el paracaídas se abre y comienza a bajar plácidamente, disfrutando del paisaje de viñedos y campos sembrados que se van agrandando durante los diez minutos aproximados que se tarda en tocar el suelo.
Antes, claro, estuvo la charla explicativa y de seguridad así como el vuelo en avión de unos veinte minutos para alcanzar la altura deseada.

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Unidos hasta pisar tierra firme

Quienes nunca practicaron paracaidismo, pueden vivir la experiencia gracias a lo que se llama el salto Tándem, es decir, cuando un piloto experimentado lleva a una persona más y se encarga –obviamente- de todo. Ambos están unidos cómodamente por fuertes arneses. Así, el pasajero sólo disfruta y, entonces, no tiene demasiado tiempo para dudar o escuchar esa voz instintiva que a muchos previene de no saltar.

Sin embargo, más allá de lo que el instinto diga o de que el paracaidismo esté calificado por las aseguradoras como una actividad de riesgo, el experto de Argentina skydiving se afana en explicar por qué saltar no es peligroso en la actualidad; cuando las técnicas, las telas y la tecnología tienen altos grados de avance.

Es que el salto se hace con dos paracaídas. Aunque el 99% de las veces el principal se abre, existe uno de emergencia para activar si el primero falla. Además –y esto en base a situaciones que sucedían hace décadas por inexperiencia y posibles golpes de los pilotos- el equipo tiene una computadora para que el paracaídas se abra solo en caso de que el que conduce se desmaye. Esto es un requisito obligatorio a través de los reglamentos y se llama Sistema de Activación Automática (AAD por sus siglas en inglés).

Además, el paracaídas Tándem es un equipo igual al que se usa normalmente en la práctica del deporte, con la gran diferencia de que su superficie es –aproximadamente- el doble de los equipos normales, a fin sustentar a 2 personas en vez de una.

“Quienes quieren saltar lo hacen porque buscan adrenalina”, cuenta Adrián quien –con 32 años de experiencia y 7200 saltos en su haber- hace rato que perdió esa emoción ansiosa pero disfruta con la que cargan (y descargan) sus eventuales acompañantes. Los saltos incluyen el equipo correspondiente y la posibilidad de filmar todo.


Lo importante para saltar es estar en buenas condiciones físicas y, por supuesto, se exige tener 21 años o que los mayores de 16 estén correspondientemente autorizados por sus padres o tutores. 


Antes de todos estos requisitos, para saltar al vacío muñido de un paracaídas está, claro, la convicción de querer hacerlo.

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