"Turismo y Coronavirus" a falta de vacunas a ponerse la pilas

El experto en turismo, Diego Navarro Drazich, reflexiona sobre el presente y el futuro del turismo. ¿Cómo volveremos a viajar?¿cómo se prepara la industria y los emprendedores turísticos?. Aprovechar el aislamiento "para aceitar el regreso", es la premisa

El Año de la Rata trajo malas noticias desde China para el turismo. Este se encuentra entre las actividades económicas más afectadas y que más lento se recuperarán. Debido a su prescindencia, seguramente quede al final de la lista al flexibilizar la cuarentena. Pero aún sin cuarentena, ¿nos animaremos a viajar como antes del coronavirus? No es probable que queramos ni podamos hasta que se produzca la inmunidad del rebaño, o exista una vacuna, o se instrumente algún test instantáneo.

Estas semanas ociosas son clave para acondicionar el sistema turístico y aceitar el regreso. No es momento para brazos cruzados: las prestaciones que más empleo generan deben desarrollar protocolos ya, sea a nivel nacional, provincial o municipal. Es imperioso lograr ventajas durante la transición para que los meses entre este mundo sin turismo y el mundo recuperado no sean iguales a los días del encierro. Hay que aprovechar el tiempo para adaptar estructuras, calcular gastos y formas de financiación, entrenar personal y ajustar medidas. Algunas inversiones serán provisorias, pero varias serán definitivas (y será sabio reconocer la diferencia). Muchas de estas últimas son un reclamo histórico que la crisis sanitaria obliga a saldar. Y dispuestos a emprenderlas, mejor hacerlas bien y pronto. O, al menos, comenzar.

Así, en transporte aéreo y terrestre, urge definir cantidades permitidas y distribución de pasajeros, forma de administración de bebidas y alimentos en viajes largos (totalmente pre-embalados, por ejemplo), sistemas de higienización de baños y vehículos después de cada uso, profilaxis para pasajeros especiales, como bebés. También toca prepararse para rutas que por un tiempo dejarán de ser operadas. Además, las terminales portuarias, aeroportuarias y de ómnibus deberán prever modificaciones, como limitaciones de tiempo en el uso de salas de espera, al estilo de las aerolíneas de bajo costo en otros países. Se impone asimismo el baño sin manos: puertas y grifos que responden al pie o con sensores de movimiento. Una vieja falta en varios establecimientos, con los restaurantes a la cabeza.

Dado que comer con barbijo no es viable, los restaurantes enfrentarán un gran desafío. Apremia calcular los comensales permitidos por metro cuadrado, separación de mesas y/o evaluar la incorporación (y financiación) de mamparas, biombos o cortinas entre mesas. Lo propio se aplica a desayunadores y comedores de hoteles.

Entre los tipos de alojamiento, los hostels plantean el reto de los espacios compartidos. Seguramente convenga evitar el uso de camas superiores en cuchetas, habilitar o sacar cama por medio y disponer divisiones como en restaurantes. La cocina podría usarse por turnos (también en cámpings), lavando enseres antes y después de su uso. ¿Resurgirán las viejas casillas rodantes, motorhomes y tráilers, que evitan compartir baño y cocina con extraños?

Otra deuda que trasciende la pandemia es la virtualización de los centros de información. Imaginemos un sitio web oficial y ágil, que reúna información útil y actualizada, que combine textos, audios, gráficos, fotos, videos, mapas y planos ¿Por qué no una batería de aplicaciones que confluyan en una? A la mano, todos los datos sobre caminatas y senderos, sitios accesibles para personas con movilidad reducida, bodegas y vinerías, sitios históricos y edificios patrimoniales, termas y spas, cafés y restaurantes, espacios verdes con churrasqueras, comercios turísticos (regionales, ferias, mercados, viveros), fiestas, música, exposiciones, artes escénicas y eventos deportivos, religiosos y culturales. Incluso una app de precios para informar al turista dónde gastar menos… ¡y también a lugareño! ¿qué, no existe aún?

Respecto de las excursiones, los vehículos deberán observar los mismos cuidados que el transporte de larga distancia. Los guías verán reducida su capacidad comunicacional por el tapaboca, deberán usar altoparlantes manuales y apoyarse en imágenes impresas o digitales. Lo mismo para guías de sitio, como museos y bodegas. En determinados atractivos se puede complementar la explicación con sistemas autoguiados: folletos, cartelería y/o audioguías fijas o portátiles. Las portátiles aseguran mayor distanciamiento, se prestan a varios idiomas y a recorridos cortos determinados por guiones breves. Oportuno sería un crédito o subsidio para comprar esos aparatos, elaborar y traducir textos.

Entre restricciones y temores, disminuirán los viajes de larga distancia y los turistas extranjeros. Inicialmente se activará el turismo en auto, visitantes a diez horas/auto de distancia o menos, especialmente excursionistas por el día residentes a una hora o dos. Este miniturismo implica redirigir publicidad y promoción a coterráneos y segmentos de países cercanos. Así, los destinos que a la vez son centros emisores de turistas (ej.: Mendoza) podrán reencausar la demanda propia hacia ofertas propias y reacomodarse más fácilmente. Complicado es el caso de centros mayormente emisores (ej.: Rosario) o receptores (ej.: Calafate).

Indudablemente, se preferirán paseos al aire libre y a sitios naturales con asientos, mesas, parrillas, bebederos y baños. Como hace medio siglo, antes del turismo de masas. Asados masivos en rotondas y banquinas delatan cada fin de semana ese pedido a intendentes. También las áreas protegidas provinciales y municipales exigen miradores, embarcaderos, palestras y otras instalaciones para facilitar la visita.

Pero otras modalidades y prácticas multitudinarias tendrán que reinventarse, como congresos, ferias y festividades. Termas y spas operarán mediante instalaciones individuales. Y el problema grueso serán las agencias de turismo emisivo, grandes generadoras de empleo turístico. Una opción es operar productos propios reconvertidas al negocio receptivo, otra es vender excursiones locales ajenas y paquetes de cabotaje. Saltos ineludibles ante el reemplazo tecnológico, los impuestos crecientes y las comisiones decrecientes. Esto fuerza a diversificar la oferta local. Acaso sea el momento de esas propuestas de turismo rural que históricamente los municipios intentaron poner en la góndola y reiteradamente las agencias receptivas dieron la espalda. Y de diseñar productos a partir de actividades habituales para residentes: asado en la montaña, mates en un dique, picnic en el parque, visita a fábrica conservera, chivito en el secano, fotos a antiguas casas e iglesias. En suma, un proceso que requiere coordinación gubernamental y protagonismo de asociaciones de agencias y colegios profesionales (su creación, otra deuda).

Ciertos negocios turísticos podrán reducir precios y sobrevivir. Algunos no podrán ajustarse y sufrirán. Otros deberán encarecer sus productos -por cubrir costos fijos con menos consumidores- y temblarán. Asimismo, ciertos turistas aprovecharán las nuevas ofertas, otros consumirán tímidamente y algunos esperarán que pase la amenaza. Por su cuenta, la suerte no llegará lejos en el Año del Buey; necesitará que el Estado, el mercado y la academia trabajen combinadamente.

Dr. Diego Navarro Drazich • diegonavarro@conicet.gov.ar
Lic y Mg en Turismo, Dr en Relaciones Internacionales • Investigador del CONICET

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